lunes, 21 de noviembre de 2011

BAMBUCO: AIRE AUTÉNTICO COLOMBIANO



En las primeras décadas del siglo XIX se mencionaba al bambuco como el aire criollo de especial autenticidad nacional. Acerca del bambuco se dice que es el ritmo folclórico típicamente andino y sobre  su origen se han dada diversas hipótesis, llegando a ser quizás la más generalizada la de su origen africano, expuesta por Jorge Isaacs en su libro “La María". Allí habla del poblado "Bambuck" en África occidental  y dice que el nombre de "bambuco" fue tomado de dicho poblado, nombre de un río de la región occidental africana, donde se bailaba un ritmo similar, pero de ninguna manera coincidente con el baile del bambuco colombiano; esta tesis ha sido descartada por cuánto no se han encontrado relaciones con los ritmos tradicionales, traídos por los grupos negros de esas regiones. Sin embargo, fue compartida por un importante número de investigadores, folclorólogos e historiadores sobre la música Colombiana[1].
También, el folclorólogo Guillermo Abadía ha expuesto la tesis, hoy muy aceptada, sobre el nombre de la palabra "bambuco", con la cual se designaba un instrumento de los negros antillanos; ellos llamaban "bambucos" a sus instrumentos caránganos, hechos con tubos de bambú[2].
La hipótesis indígena defiende la proyección de la música chibcha, por esencia triste, en el ritmo lento de los aires folclóricos del Altiplano andino y, en especial, en el bambuco. Algunos autores hablan sobre la existencia de los indios "bambas" en el litoral pacífico y la presencia en su habla de la terminación "uco"; así mismo sobre la denominación de "bambucos" a los aires musicales indígenas de movimiento trémulo o de bambaleo.
La hipótesis española habla sobre la posible ascendencia vasca en el ritmo del bambuco. Los ritmos vascos, y entre ellos el zortcico, presentan ritmos ágiles, sueltos y alegres, por lo que se forma un interesante contraste, muy parecido a nuestro bambuco. Claro está, que entre las opiniones de músicos y folcloristas españoles se encuentra la relación del bambuco con aires populares españoles, con adaptaciones muy propias a nuestro medio colombiano, de allí lo folclórico.
Como dato curioso, “La Guaneña”, un bambuco,  motivó el ánimo de los colombianos que lucharon en la batalla de Ayacucho en 1825 según la tradición histórica. Fue muy importante la labor de compositores nacionales como Pedro Morales Pino con su bambuco "Cuatro preguntas" (la letra es del poeta Eduardo López), el cual sirvió como modelo para muchos compositores de las primeras décadas del siglo XX[3].
El bambuco posee un aire dulce y acariciante. Su ritmo, en la partitura, se basa en una armadura de compás binario con subdivisión ternaria (6/8), aunque se puede interpretar en compás ternario con subdivisión binaria o 3/4. Sin embargo, este último ritmo lo convierte en una especie de vals, lo cual le quita su sabor exclusivo, conque debe ser interpretado a 6/8 y por supuesto cantarse en octosílabos. Por este motivo los músicos lo consideran difícil de interpretar, razón por la cual no se ha difundido en la forma en que lo han hecho ritmos más sencillos como el de la llamada “música caliente” (balada pop y otras), interpretada en ritmos de 2/4 o 4/4[4].
Para quienes no conocen de música, se puede decir que el bambuco es algo más que un ritmo, algo más que un conjunto de piezas, es un estilo, una forma de hacer música nacionalista de salón y, además, con intenciones de virtuosismo.


[1] http://bambuco.org/pa2.html

[2] albambuquero.blogspot.com/2007/11/es-el-aire-folclrico-mestizo-ms-tpico.html
[3] http://www.colombia.com/turismo/ferias_fiestas/2003/junio/festival_bambuco/bambuco_historia.asp

[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Bambuco

SENSACIONES DE LOS RITMOS COLOMBIANOS





Al trasladarnos a la costa atlántica a través de su música, los ritmos de su región nos incitan a bailar. Ritmos que con cada acorde, con cada golpe del tambor, con cada revoloteo de las maracas, con cada nota que emiten las gaitas y flautas empiezan, de un momento a otro, a hacer saltar nuestro corazón, a mover nuestras caderas, hombros, a danzar de un lado hacia otro. Todos esos sonidos nos permiten sentir ese ambiente de alegría a la orilla del mar y las letras que reviven el calor de la costa, la energía y sonrisa de sus negros aborígenes. También, la actitud espontánea y extrovertida que caracteriza a sus habitantes y la sensualidad de la mujer negra a flor de piel.
El sonido de la marimba y los guases de una vez nos ponen en el plano de la música de la costa pacífica colombiana, las expresiones de las cantaoras que interpretan dichas canciones y la respuesta de sus repondeoras, con sus voces y acento inconfundibles, ponen de manifiesto el inicio de esa ejecución musical, que atravesando por sus diversos ritmos característicos, nos muestran de manera evidente en sus danzas el sentimiento colectivo en torno a sus labores diarias, siendo también, protagonista el mar. Realizan  diversas rondas y juegos que vinculan de una u otra forma a los que disfrutan de su música.
La elegancia en el movimiento dancístico de la música de la región andina nos vincula en un ambiente de mayor tranquilidad, comparado con la energía que irradia la costa pacífica y atlántica. Esta es la música del deleite, del olor a campo y las montañas, de las labores rurales, como también, el estilo y elegancia de los señores y damas de las élites colombianas del interior. Las cuerdas repicando en las guitarras permiten sentir, en el auditorio que escucha sus sones, el “vibrato” de esta música. La guitarra y el tiple son protagonistas de estos ritmos, ellos dan la tonada y el sentir a estos aires musicales.
Las ganas de seguir manteniendo ese contacto con su vaivén rítmico, inspiran, también, amor por lo nuestro y brindan una herramienta a la hora de cortejar a la mujer por el ser amado y, quizá, a los jóvenes provoque la evocación a sus abuelos, personas que adoraban escuchar esta música y sentían en ella la nostalgia de regresar a viejas épocas: involucradas con costumbres, que de alguna manera, sí caracterizan nuestra identidad nacional.
Por ser tan extenso el legado musical de la región Andina, también, dentro de los ritmos existen unos que se caracterizan por evocar al baile, pero manteniendo un estilo fino y delicado, de la misma forma que emerge el sentimiento de juego y coqueteo propio de esas manifestaciones, vistas, por ejemplo, en el chotis y la contradanza.
Ahora, podemos observar ese paisaje hermoso de los llanos reverdecidos, el atardecer que sobresale en su aurora, el ganado corriendo y el campesino que caracteriza a la región llanera. Sin duda al escuchar un joropo, ritmo rápido, que invita a zapatear y dar volteretas en pareja. Además, sin el infaltable sonido del arpa, instrumento destacado de esta música y protagonista de las canciones que se interpretan. Como también, el tiple, las maracas y el fraseo rápido del cantante llanero, que refleja en sus letras historias de esos campos, exaltando actividades propias de la región, como el coleo.
El respiro del aire puro parece que llegara mágicamente gracias al sonido de los instrumentos de viento, que transmiten paz, tranquilidad, sosiego y esperanza en el inconsciente, una armonía interna que pueda ser revelada en el murmullo de las canciones de la región amazónica, un murmullo que se siente en la profundidad de sus notas, que parecen dormitar, de un instante para otro, a quien escucha estos ritmos, como los huaynos o las tonadas indígenas amazónicas. Sin duda, nos trasladamos a la selva, a la naturaleza, a la variedad de árboles y flores, al agua cristalina que corre, como la sangre de las venas, entre tan espeso follaje selvático. Esta música es parte de la vivencia de nuestros aborígenes indígenas.